sábado, 20 de septiembre de 2014

Tal vez sea el hombre equivocado. Capítulo siete.

-Qué te han hecho Marcos?- pregunté intrigada.
-Sabes... en el mundo hay dos clases de personas. Por un lado, las buenas, las que hacen el bien. Por el otro, la gente mala, que hace el mal. No hay otra diferencia. Mi vida se basa en estar con gente mala. He venido a Buenos Aires con un solo fin, conocer gente buena y cambiar un poco el rumbo de mi vida-dijo mirándome.
-¿Y yo vendría a ser una persona buena?- dije.
-Mira Victoria. No nos conocemos. Pero me has dicho que me quieres. Si sos capaz de quererme sin conocerme, te puedo asegurar que sos lo suficientemente buena para mí- dijo tocando mi rostro.
-¿Cómo puedo ayudarte?- pregunté preocupada. 
-Estando conmigo, no dejándome solo. No me abandones, Victoria. Vos, no- concluyó.
-¿Algún día me contarás?- pregunté.
-No hay mucho por contar. Son solo historias raras que me atormentan tan solo un poco- dijo algo dolido.

¿Qué le habían hecho? ¿Cómo lo lastimaron tanto? Lo veo tan herido, tan dolido, tan lleno de nada. Le falta tanto amor, tanto, tanto... como a mí. Tal vez eso es lo que me atrae de él, el hecho de saber que está solo, sacando a Mateo claro, que no hay nadie que pueda entenderlo y peor aún, que nadie logre amarlo.


-¿Me acompañas a casa?- dije luego de pararme.

-Claro, ¿comemos juntos?- preguntó sonriente.
-Obvio. ¿Pizzas?- dije de igual manera.
-Lo que la dama prefiera- dijo en tono burlón.
-Gracioso-dije irónica-dale que tengo hambre- dije golpeando su hombro.

Luego de un corto trayecto, compramos pizzas, y un kilo de helado. 
-Bienvenido- dije abriendo la puerta.
-Gracias, señorita- pronunció.
-Sentate en el sillón, que yo preparo todo- dije dirigiéndome a la cocina.
-Yo ayudo- fruncí mi ceño- ¿qué? tengo dos manos- dijo alzando éstas- al igual que vos, así que permiso- dijo chocando su cadera con la mía- que aquí está tu sexy ayudante.
-¿Sexy?- dije riendo.
-Sí, el más sexy- respondió riendo.
Luego de preparar la mesa, comimos la pizza, hablando de cosas insignificantes, pero riendo. Al cabo de una pequeña sobremesa, servimos el helado en pequeñas copas y nos sentamos a ver una película.