Cuando creí que era el momento, algo me frenó y no lo dije. Cuando hice hasta lo imposible, por que él notara que algo había cambiado, miró para otro lado. Cuando junté valor, y fui hasta su casa, a decírselo por fin, anunció su casamiento. Cuando creí que iba a morir, entendí que no podía dejar a este pequeñín, sin su mamá también.
Me llamo Carina Zampini, tengo 39 años. Soy profesora de Literatura por la mañana. Bailarina por la tarde y mamá a tiempo completo. Tengo un hijo, Nicolas, de ocho años. Él, es diferente. Autismo tiene. Sus necesidades no son iguales a las de cualquier nene, pero logra hacerse entender, al menos yo lo entiendo.
Conocí a Sebastian, a la salida del Teatro, un martes por la tarde. Él era mesero, en ese entonces, estudiaba medicina por la noche. Lo había visto en el público durante varias semanas. Tiempo más tarde, salimos a cenar, lo que luego se hizo frecuente. Era tierno, amoroso, fie... paren, fiel no era, eso descubrí tiempo después.
Salimos durante dos meses, luego fui oficialmente su novia, conocí a su familia, iba los domingos a comer asado con ellos; creí que eran buenos, creí que yo les agradaba, creí tantas cosas.
Nuestra relación era hermosa, cuando digo hermosa, me refiero a justamente, HERMOSA. No existía nadie más que nosotros, por fin estaba viviendo la historia de amor, que siempre soñé.
Luego de un año de relación, me entregué a él. Fue difícil, mi pasado me frenaba, pero él rompió con todo eso, confiaba ciegamente en él.... pero me dejó.
Le pedía explicaciones, le mandaba mensajes, lo iba a ver al trabajo. Necesitaba respuestas, pero no obtenía nada.
Soy de esas personas que somatizan todo. Dejé de comer, literal. Vivía a agua, y café. Chicles, era lo más sólido que llegaba a consumir; me estaba dejando ir.
Tuve una infancia difícil, y una adolescencia cruel. Cuando creí estar un poquito mejor, lo conocí. Y cuando me creí el papel de la chica feliz y fuerte, él me derrumbó.
Era un dos de abril, recuerdo. Salí de la clínica, con los análisis en mano. Caminé hasta el bar, donde trabajaba Sebastian. Lo vi riéndose, sentado como un cliente más, no lo dudé, y lo abracé por el cuello, dándole un beso en su mejilla.
-Te voy a ser claro- comenzó, mirándome a los ojos- nunca estuve enamorado de vos. Jugué una apuesta con mi padre. La verdad, Cari, es que no te quería lastimar, se me fue todo de las manos, me costó mucho, bueno vos ya sabes-lo interrumpí.
-¿Me estás cargando Sebastian?, sos mi novio. Me entregué a vos, como una pelotuda. Te amo, entendes eso? - negó- ¿cómo lo vas a entender? si solo soy una puta apuesta para vos.
-Cari, déjame explicarte- negué-.
-Puedo ser inocente, pelotuda y todo lo que vos quieras, pero quiero irme con un poco de dignidad, así que no voy a permitir que me sigas humillando- dije entre lágrimas.
-Sebas, amor, tu mamá nos espera- dijo una morocha atrás mío.
-Ivana ahora no- dijo Sebastian, mirándome.
-¿Vos quien sos?- pregunté.
-Su novia, y vos?- preguntó desafiante.
-También pensé que era su novia, tene cuidado- dije con la frente en alto.
-Ah- río- ¿vos sos Carina?- preguntó-.
-Todos sabían de ésto- dije aún más dolida- nunca creí que iba a odiar a alguien más que a mi padre, hasta el día de hoy- dije para luego marcharme.
intentó detenerme- Carina, perdóname.
-No te quiero ver nunca más en mi vida.
Esa fue la última vez que lo vi, al menos en persona. Es increíble como de un momento a otro, tu estado de ánimo puede cambiar.
Dos meses más tarde, mi pequeña panza comenzaba a asomarse. Todos lo notaban. Comencé a ir diariamente a aquel bar. Él seguía trabajando allí, aunque no me atendía a mí. Pensé que él también lo notaría, después de la humillación que me hizo vivir, no tuve el valor para decirle "estoy embarazada", pero en el fondo de mí, rogaba que él se diera cuenta. Era consciente que siendo bailarina, no podía criar sola a un bebé. ¿Quién me iba a ayudar? ¿Cómo lo alimentaría? ¿Qué le diría cuando me preguntara por su papá?.
Un día llegué y no lo vi. Le pregunté a Miguel, el dueño, si sabía algo de Sebastian, me tocó el hombro y me anunció que se casaba.
Él no notó el cambio de mi cuerpo, él no quiso notarlo.
Comencé a verme gorda, fea... dejé de comer. No era consciente de lo que hacía, así como tampoco era consciente que dejando de comer, no solo acabaría con mi vida, sino que también con la de mi hijo.
Hoy, luego de ocho años, entiendo que el problema de mi hijo, tiene que ver con eso. No intento victimizarme, pero ser madre soltera, no es lo que siempre soñé.
-Carina- dice Ana, niñera de Nico- es Nicolas- la interrumpo.
-¿Qué tiene mi hijo?- desesperada.
-Perdóname Cari- vuelvo a interrumpirla..
-Decime que pasó con Nicolas- grito.
-Lo atropelló un auto, estamos camino al hospital, por favor veni rápido- dice sollozando.
-Ahí voy- digo para luego cortar.
¿Sintieron alguna vez que el pecho se les cierra, que dejan de respirar? ¿Sintieron alguna vez que sus piernas son gelatina y no pueden caminar? ¿Sintieron alguna vez que sus ojos ya no lloran, sino... llueven? ¿Sintieron alguna vez que están muriendo?
-Decime qué pasó- le digo.
-No sé, estábamos jugando en la plaza y fue a buscar la pelota, cuando me di cuenta, ya estaba tirado en la calle, perdóname, te juro que fue en un segundo, perdóname- me rogaba.
-Ey, vos no tenes la culpa- agarré su rostro- no es tu culpa, Ana.
Se abrió la puerta de la sala...
-Familiares de Nicolas- preguntó una voz conocida.
-Soy su madre- dije firme- qué tiene mi hijo?
-Carina- dijo atónito.
-¿Qué tiene mi hijo?- pregunté impaciente.
-Él, él está bien- tartamudeó- pero lo dejaremos en observación por esta noche- continuó.
-Quiero verlo- dije prepotente.
-Habitación 105- dijo aún mirándome sorprendido.
-Perfecto- dije yéndome.
-Hola, mi amor- Sonrió- acá está mamá, con vos. Ya está todo bien, chiquito. Fue un susto nomás, sabes? Esta noche tenemos que quedarnos acá- me miró- pero quédate tranquilo que mamá se va a quedar con vos, si?- sus ojitos brillaron- te amo, Nico- dije abrazándolo.
-Mamá- dijo susurrando.
-Ya lo sé, amor, lo sé- dije entendiendo.
-Permiso- dijo Sebastian- Hola Nico, ya estás bien campeón, mañana ya te damos el alta y podes volver a casa. Vas a poder jugar a la play, pero desde la cama eh- dijo queriendo agradarle a mi hijo.
Lo fulminé con la mirada- Gracias.
-¿Qué te comieron la lengua los ratones?- dijo intentando sonar simpático.
-Por favor andate- dije sin paciencia.
-Solo intentaba ser amable- Se acercó a la cama- campeón choquemos 5- dijo chocando su mano con la de Nico.
Lo que ocasionó que Nicolas se altere y comenzara a gritar. Empujé a Sebastian y me acerqué a mi hijo.
-Ey, amor, mírame- tomé su rostro- tranquilo chiquito, mamá está con vos, mamá te cuida, si?- me abrazó- shh, quedate tranquilo- escondió su cara en mi cuello- ahora me acuesto con vos y dormimos juntos- me dio un beso- mamá siempre va a estar para vos, Nico, siempre- dije frotando su espalda. Luego miré a Sebastian- ¿te podes retirar?- dije firme.
Mañana del día siguiente...
-Carina, ¿podemos hablar?- dice Sebastian, entrando a la habitación.
-Afuera- le digo, para luego salir con él- Decime.
-Quiero pedirte disculpas, yo no sabía lo de Nicolas- lo interrumpo
-Ya sé que no sabías. Nunca te importó, ni hace ocho años, ni mucho menos ahora- dije enojada.
-¿Ocho años? ¿Qué tiene que ver tu hijo con lo que pasó hace ocho años?- preguntó confuso.
-Mi hijo es el producto de lo que pensé que fue una relación entre nosotros dos- intentó interrumpirme- te lo explico mejor, mi hijo es el producto de aquella apuesta, ¿la recuerdas?- digo dolida.
-Carina, ¿Nicolas es mi hijo?- pregunta.
-No, es mi hijo. Tuyo es nada- Digo para luego irme.
Me ataja- ¿Por qué nunca dijiste nada?.
-Lo intenté. Te mostré mi panza, durante dos meses, nunca lo notaste. Cuando me armé de valor, te casaste. Realmente espero que seas muy feliz, como yo lo soy, con MI HIJO- Le aclaré.
-Déjame conocerlo- insistió.
-No. Nico es muy sensible. No está listo para conocer al monstruo que tiene como padre.
-Carina, no me podes quitar ese derecho- dijo algo enojado.
-Puedo hacerlo, legalmente es mi hijo, y como habrás notado, no le caíste para nada bien, ni siquiera te diste cuenta que era autista, crees que puedas hacerte cargo de él?- pregunté mirando sus ojos.
-Autista?- preguntó horrorizado- oh Carina, cuanto lo siento.
-No lo sientas, no quiero nada tuyo. No te necesité en ocho años, por qué lo haría ahora?. Hace ocho años, te pedí no verte nunca más, le veníamos manejando bien, podemos seguir así.
-Pero es mi hijo, prometo que lo querré igual que a mis otros dos niños- dijo tratando de convencerme.
-No. Nico es un nene que tiene otras necesidades. Es preferible, que tenga un padre ausente, a uno que lo haga sentir diferente. Mi nene es autista, no pelotudo.
-Carina, por favor.
-Por favor, nada. Adiós, para siempre- me interrumpió...
-Para siempre, es mucho tiempo- lo interrumpí.
-Por eso mismo, para siempre- dije para luego marcharme.
Agarré a mi hijo y me fui. No volví a verlo nunca. No le interesé hace ocho años, por qué le interesaría ahora y con un hijo?
Cuando alguien nos dice, nos promete, nos juro "Voy a cambiar", le creemos. Vemos que sus ojos no mienten, que de verdad quieren cambiar. Pero pase lo que pase, la esencia queda, nunca cambiamos del todo, o tal vez, nunca cambiamos. Somos lo que somos, estamos los que estamos. Queremos los que queremos. Y también, amamos, los que amamos.
Para siempre, es mucho tiempo. Tratamos de utilizar nuestros "para siempre", en las oraciones correspondientes.
No puedo hacer un corto, con ellos juntos al final, no puedo, no me sale. A pesar de eso, espero que les guste.
Dedicado a Cami, amiga que adoro (:
a Edi, mi amoooooor, lo que te quiero!
a Lucrecia, que me hace reír mil y que quiero muchísimo :)
a Milo que siempre está ahí, al pie del cañón y a quien amo, amo, amo!
Gracias.