viernes, 3 de abril de 2015

Helena.

-Hay que elegir, lo siento mucho- dijo mirándome a los ojos.
-Cómo se supone que elija?- grité- es imposible. No, no puedo. Salvelas a las dos, por favor- dije llorando.
-Usted sabe que es imposible. Lamento mucho que tenga que vivir ésto, pero no hay tiempo. Elija, Carina o la bebé, rápido- me apura.
-Salvela a Carina- dije sin pensar.

Y éste asintió, para luego volver a entrar a la sala de parto.
Sabía que ésto cambiaba todo, absolutamente todo. Carina, cuando hablamos de ésto, dijo que yo debía salvar a nuestra hija, ambos sabíamos que ésto pasaría. Pero, ¿cómo dejaba ir al amor de mi vida? Podrán llamarme 'cobarde', 'egoísta', como sea. Pero simplemente no podía, no puedo. Se supone que ésto íbamos a vivirlo juntos, lo soñamos siempre, siempre quisimos una nena, nuestra hija. ¿Cómo salvar a mi hija y criarla solo? ¿Cómo lo haría? ¿Cómo le explicaría a Manu que elegí salvar a su hermana, antes que a su madre? ¿Cómo lo hacía?. Y ahora, el punto es, ¿Cómo me perdonaría ésto?, digo, la situación es extrema, es una o la otra, decirlo es tan fácil, pero ¿qué hago con la culpa? ¿dónde la guardo?, solo sentía ganas de llorar, llorar y llorar. Dejarme caer, y rogar que caiga un milagro, que pase algo, que hiciera que Helena, nuestra hija, sacara fuerzas y sobreviviera. Pero sabía que era imposible, el médico fue claro, 'está en tus manos, Sebastian', ¿por qué esta responsabilidad me tocó a mi? ¿por qué tengo que elegir yo?. Sé que no me lo voy a perdonar nunca y peor aún, sé que Carina no me va a perdonar jamás y eso me mata.
_____________________________________

-Y Helena? dónde está? cuándo la traen?- dijo mirándome.
-Cari, perdóname- dije con lágrimas en mis ojos.
-Dónde está mi hija? Sebastian quiero verla- me miraba desilusionada.
-Cari, tenía que elegir- negó- no te podía perder, no puedo...- me interrumpió.
-Y a ella si la pudiste perder?- dijo llorando.
-Carina, perdóname- dije devastado.
-Andate, no te quiero ver- dijo sin mirarme.
_________________________________________
Dos meses, dos largos meses. Carina sigue sin hablarme, sin verme... en fin, sin perdonarme. Mis hijos, Francesca y Benicio, la adoran, pero a ellos tampoco ha querido ver, dice que les recuerdan a mí, y que ellos no merecen su odio, entonces lo prefiere lejos. Es así, me odia. Lo poco que sé de ella, lo sé por Manuel, en esta historia, es el único que logra ponerse aunque sea un poquito en mi lugar, el único que creo, está de mi lado.
-Carina por favor, necesito verte- dije, intentando entrar.
-Y yo dije que no quiero verte, andate- dijo fría.
-Déjame explicarte...- me interrumpió.
-No hace falta, andate- dijo aún más cortante.
-Aunque sea decime que estás bien- dije ya sin fuerzas y con lágrimas en mis ojos.
-Te vas- dijo cerrando la puerta.
_____________________________________
Relata Carina.

Nos conocimos con Sebastian, mientras grabábamos Dulce Amor, tuvimos una historia secreta, de amor, pasión, locura y todo lo que sea, mientras él estaba casado. Luego de una corta separación, volvimos a grabar Camino al Amor, y nos reencontramos nuevamente, él se divorcio, y todo pasó a ser oficial.
A pocos meses de mudarnos juntos, me enteré que esperaba nuestra primera hija, mi querida Helena. La que por fin, pensaba, nos uniría. Todo es tan distinto hoy, tan confuso. Mi embarazo fue extremadamente complicado, ocho meses de reposo absoluto, una locura. Siempre hablábamos con Sebastian del futuro, de lo que podía y no pasar. Habíamos acordado que si le daban a elegir entre ella o yo, la elija a ella. Después de este embarazo, era, es casi imposible que podamos intentarlo una vez más.
Pero nuevamente, pensó sólo en él, en su ombligo. En lo que él sufriría. Me salvó a mí, me eligió a mí y rompió nuestra promesa.
¿Cómo lo perdono?, ¿cómo vuelvo a confiar en él?, ¿cómo hago?, no lo sé y creo que no lo voy a saber nunca.
__________________________________________

Vuelve a Relatar Sebastian.

El tiempo de alejarme me lastima una vez más, 
abrázame un rato 
que no quiero enterarme que esta noche va a pasar 
quiero hacer un pacto. 

Seguro vos encuentres quien te quiera de verdad, 
pero no me olvides. 
Yo voy a estar muy lejos, te lo pido por piedad, 
nena, no me olvides. 

Si cada despedida es una roca sobre el mar, 
en este corazón hay muchas piedras. 
No voy a arrepentirme de decirte la verdad 
cambiaste con tu amor mi vida entera.

Carina me había cambiado la vida, para bien. Pero ha pasado poco más de un año, y yo aún sigo ahí, anclado en ese momento; en aquella sala de espera, eligiendo, tomando la decisión que cambiaría todo. Yo creo que ella jamás me perdonará, y ¿quién lo haría? Francesca, va a crecer en algún momento y se enterará que su papá dejó ir a su hermana, y ¿me seguirá queriendo?. Yo no sé si podré soportarlo, no lo creo.
Con el puño cerrado, y sin querer decirlo, acepto que este es el final, este es mi final.

-'Ojalá algún día, en algún momento, nos volvamos a cruzar mi amor y entiendas que todo fue por amor, porque te amo'.



Carina, se enteró de la muerte de Sebastian, esa misma noche, ésta salió en todos los canales televisivos.
Hoy, pasados diez años, sigue preguntándose ¿qué hubiera pasado si Helena sobrevivía? A pesar del tiempo que pasó, nunca logró superarlo. Y la culpa por no perdonar a Sebastian, es una cruz que carga en su espalda, desde entonces.

Esperemos que tanto Sebastian, como Helena, estén esperándola en alguna parte.











Pedido de @Joha_zampinita sé que no es lo que esperabas. Va, creo que te imaginabas un final feliz, pero sabes que soy medio masoquista con estas cosas y que me encantan que terminen así. Gracias por leerme siempre, y por ser esa clase de amiga que sos. Te quiero.


Dedicado a @owszmpn que aunque estemos peleadas, distanciadas o lo que sea, aunque seamos una más celosa que la otra, aunque no hablemos hace 23 días, te quiero muchísimo y te extraño aún más. Ojalá alguna pueda dejar de ser tan orgullosa, o las dos a la vez, no sé; y volvamos a hablarnos, aunque sea un ratito.
























domingo, 29 de marzo de 2015

Incondicionales.

Me acababa de separar, sola, con cuatro hijos. Mi marido para los demás, siempre fue lo mejor de mi vida. Nadie sabía lo que pasaba puertas adentro. Gritos, golpes y más golpes. Claro, él frente a la gente, era el hombre más atento, más dulce. ¡Cómo te ama, tu marido!, solía decir mamá. Si tan solo supiera...
Me llamo Carina, tengo 39 años. Soy profesora. Y básicamente estoy sola. Al principio creí que alguien llegaría, que alguien estaría para mí. Mamá no sabe todo lo que soporté los últimos años y hablar con ella, sería remover viejas heridas.
Me gusta el rock, desde siempre. Recuerdo mi adolescencia, llena de giras, salidas, alcohol. Amigos de toda la vida. Gente que es mi familia, por simple elección.
Sebastian, ¿qué decir de él? Fue mi novio a los 14 años, me arriesgaría a decir que mi primer amor. Vivimos mucho juntos, recorrí los peores lugares con él.
Claro, tuvo una infancia horrible, indeseable. Un padre golpeador, una madre negadora, una hermana violada, y él, tapando todo, con drogas. Muchas veces, dijo que yo lo saqué de ese agujero negro. Y en realidad, lo intenté. Él realmente fue mi mejor amigo, el que con solo mirarme sabía lo que pensaba, lo que sentía, lo que necesitaba.

-Agarra mi mano y no me soltes por nada del mundo- dijo.
-¿Qué hacemos acá, Sebas?- pregunté con miedo.
-Perdóname- pronunció y siguió caminando.

Ese es uno de los tantos recuerdos latentes. Sebastian comprando drogas, y cuidándome, sobre todas las cosas y estando en cualquier estado.
Nunca lo vi inconsciente, jamás se perdió, aunque varias veces tocó fondo.
Gran persona, gran hijo, gran amigo. Siempre fue así, protector, siempre me sentí segura a su lado.
Nunca fuimos nada concreto, pero siempre fuimos incondicionales. Jamás me soltó la mano, y jamás dejé de sostener la suya. Éramos uno, hasta en los peores momentos.
Su papá golpeó a su mamá, desde siempre, desde que él tiene memoria. Y a sus diez años, cruelmente, salvajemente, violó a su hermana. Su hermano mayor no lo aguantó y lo mató. Sólo tenía quince años. Estuvo preso hasta los 18. Esa fue su infancia. Mucha gente suele juzgarlo, 'el drogado del barrio', le decían. La gente es de hacer esas cosas, de hablar de los demás como si supieran todo de él y no es así.
Crecí en una familia así. Jamás me faltó nada. Sin embargo, nunca tuve lo indispensable. Hasta que él apareció, claro.
Cuando tenía 16, aún estábamos juntos. Y sinceramente, creí que sería eterno. Pero su infancia lo marcó, lo cambió, lo hizo ser lo que es y siempre será.
Recuerdo ese día como si fuese hoy. Estábamos tomando mates, en una plaza. Él con 18, yo 16. Lo llamó su mamá, dijo que era urgente. Fuimos a su casa, llamamos a la ambulancia y nunca lo vi con la mirada tan perdida como ese día.
Su hermano, el mayor, con 20 años. Estaba internado. Muerte cerebral, dijeron. Las drogas, esas que lo ayudaban a 'no sentir dolor', estaban acabando con él.
Sebastian jamás lloró. Jamás. Nunca. Al menos no, delante de los demás. Ese día, me hizo correr hasta una plaza, me hizo sentarme y se arropó a mi lado y lloró, lloró como nunca, lloró solo conmigo.
Y me dejó. Nunca volví a verlo.
Me cambié de colegio, a otro barrio, me puse de novia, me casé, tuve hijos, me separé y hoy, estoy sola.
Pasaron años, y siempre lo recordé. Y sé que él a mí.
Lo encontré en el verano, en un bar. Yo con cuatro hijos y él con dos. Hablamos, nos volvimos a ¿enamorar? y jugamos ese juego tan viral de volver a ser adolescentes. Creí que el tiempo no había pasado, o que al menos HOY era NUESTRO TIEMPO, para ser felices, para tener una historia, la que nos merecíamos.
Sin embargo, hoy, decido yo, decido dejarlo. Nunca va a cambiar. Las secuelas están, conviven con él. Si fuera solo yo, me arriesgaría, dejaría todo y me iría con él, para sostenerlo, para no dejarlo caer. Pero tengo hijos, y hoy los que me necesitan, también son ellos. Y a la hora de elegir, me doy cuenta que no hay elección. Una madre, siempre elije a sus hijos.
Él no va a dejar las drogas, ni por sus hijos, ni por mí, ni por nadie. Yo lo entiendo, lo hago. Eso sana de a poco su dolor, o eso cree él. Lo único que deseo es que algún día pueda sonreír de verdad, porque lo sienta, no para conformar a los demás.
Espero que algún día entienda que todo puede ser mejor y realmente espero que no termine mal.
Yo estoy para él, y él está para mí, aunque no estemos juntos. No es algo que se diga, es algo explicito, algo que no está escrito, pero que ambos sabemos. Tal vez no nacimos para estar juntos, pero sí nacimos para ser incondicionales.










Solo para aclarar dudas, no dejé el fandom, no me fuí. Y menos, dejé de seguir a Carina :)


Dedicado a 
Giu @mividazampini amigaaaaaaa, te amo, siempre. Gracias por no soltarme. 
Lucrecia @zampinitas4ever gracias por cada palabra, por estar siempre. Te adoro.
No hacen falta muchas palabras 'INCONDICIONAL' es suficiente.


lunes, 2 de marzo de 2015

Aventura.

-Carina, dale, te estás por casar, nena, necesitas una buena aventura a modo de despedida, copate Caru- dice insistente Anabel.
-No lo considero necesario, Ana, de verdad. Amo a Daniel, no necesito nada más, solo unos tragos entre amigas- dijo algo frustrada, por la insistencia de su amiga.
-Uh nena, no cambias más- se manifestó Ana.
-No me harás cambiar de opinión- dijo ya firme.
-Como quieras- dijo girando su cara ofendida.
-Se supone que sos mi amiga y que me apoyas, te necesito más que a nadie en este momento, por favor no te enojes, pero realmente no quiero discutir, al menos no con vos, no me hagas enojarme por esta pavada, ni tampoco te enojes vos, porque después las dos andamos mal- dijo Carina, mirandola.
-Tenes razón, perdón- la abrazó- quedaremos en algún bar, tomando algunos tragos y recordando momentos graciosos, si?
-Sí- concluyó.
Al llegar la noche, afuera de la casa de Carina, aguardaba la camioneta azul de su madre, Liliana, junto con el auto de Anabel. Ambas, diosas, producidas, esperando por la protagonista de esa noche.
Carina, con un top rojo y una pollera de gasa negra larga. Anabel con una mini negra y una remerita suelta y Liliana de pantalón ajustado, dieron rienda suelta a la gran noche. En la puerta del "bar", se encontraron con algunas conocidas de Carina y amigas, y juntas, ingresaron.
A simple vista, el bar era solo un bar. Sillas, por todo el salón, la barra de tragos al fondo, baños a la derecha, un mini escenario al frente, y una escalera en el medio, entre columnas. Todo ambientado, cuan un 14 de febrero, como si Carina, festejara que se iba a casar, junto a su novio. Raro? Sí. Aunque claro, ella no sabía qué le depararía la noche. Solo sabía, que iba a disfrutarla al máximo.
Todo comenzó con música tranqui, las chicas no paraban de tomar y de hablar de todo un poco, como en típica reunión de amigas...
-A mover el culo- gritó con cierto éxtasis Anabel.
Todas rieron... Y ahí comenzó.
Las luces se apagaron y la atención se centró en medio del escenario. Un negro, NEGRO, musculoso, con gran sonrisa, se acercó. Llevaba tan solo un boxer, en el cual tenía bordada la cara de Carina. Él comenzó a bailar, sensual, lindo... rico. Todas reían, lo alababan, le tiraban pétalos de rosas que habían en las mesas.
En un momento, los meseros se encargaron de dejar aceite para cada una. Todas tocaban, todas le tiraban aceite por esos grandes músculos, todas reían... todas menos Carina. Ella no terminaba ¿de caer? JAJAJAJAJJAJAJ, cuán imbécil, observaba todo desde su mesa. Aunque tenía que admitir que algo sintió cuando lo vio, algo como,  ¿vieron cuando te excitas? exactamente así, ella estaba excitada, EL NEGRO LA EXCITABA y de qué manera!!!
Sin pensarlo dos veces, conducida por el alcohol, en parte, supongo; se acercó hasta él. Éste sonrió y sin ningún tipo de preámbulo, la besó. No fue un beso común, fue de esos en los que sentís que no podés respirar, con el que se demuestran ¿amor? JAJAJAJJAJA, Si se acababan de conocer, se demostraban pura y exclusivamente pasión, había un fuego que recorrían ambos cuerpos, ese fuego que muy pocas personas conocen... pero que es tan ¿caluroso? ja.
-Señoritas, lamento decir que se terminó el show- dijo el hombre, cortando el beso- realmente fue un placer conocerlas, pero hay que despedir a esta flamante soltera- la miró y le sonrió- así que las invito a retirarse- dijo abriendo las puertas- adiós- concluyó, luego de despedir a las últimas mujeres.
-¿Así que vos sos el encargado de mi despedida?- preguntó Carina, algo ¿caliente?
-Ponele- sonrió- hoy sos toda mía- dijo lamiendo el lóbulo de su oreja.
-Eso suena bien- dijo dejándose llevar.
Él la subió arriba de una de las mesas, abrió sus piernas y colocó su cuerpo allí. Comenzó con besos suaves y hasta tiernos, podría decirse, luego el ambiente fue subiendo de temperatura.
Él acarició sus pechos y los apretó, un poco fuerte, pero a ella pareció gustarle eso. La empujó hacia abajo para que estuviera acostada sobre la mesa, y luego la tiró de las piernas para que su  trasero estuviera colgando en el borde. Ella intentó sostenerse de algo, porque creía caer, pero él agarro su mano y metió su dedo medio en su boca de una forma sin igual. Succionó fuerte y rápido, dentro y fuera. Luego frenó, agarró las piernas de Carina, y las colocó en sus hombros, él realmente sabía lo que hacía; lo que ocasionó que sus muslos chocaran con su miembro, lo cual despertó una sonrisa en ambos.
Carina, no notó en qué momento, la lengua de aquel hombre, succionaba sus labios vaginales; pero ésto la excitó aún más, lo quería adentro y lo quería ya. Dejó de lado a la Carina inocente y comenzó a moverse rápido, se arqueó, y comenzó a gritar. De un solo tirón, él logró que su falda formara parte del suelo, y comenzó a subir por su cuerpo, con suaves besos, hasta llegar a su top, el cual también sacó. Pellizcó sus pechos, con desenfreno y desesperación, éstos se encontraban duros como una piedra, claro que por él. Todo su cuerpo, lo deseaba, inclusive su cabeza.
Ella tomó el control, giró su cuerpo, quedando él abajo, y luego de admirar el cuerpo musculoso y robusto, sacó su miembro. Empezó a tocarlo, y él acabó en su mano.
No puedo explicar, en qué momento, él se introdujo en ella. Aunque el grito "más fuerte, más fuerte", de ella, supongo que hace referencia a ese momento.
Llegaron al climax total, tres veces, quedaron totalmente exhaustos.
Carina nunca había estado con otro hombre, que no fuera Daniel. Nunca, había disfrutado tanto. Esta noche, sin dudas quedaría en su memoria, para siempre.
-Gracias, fue una noche magnífica- dijo Carina, agarrando su cartera.
-Digo lo mismo- dijo besándola- te deseo un buen casamiento y una buena vida- dijo sonriendo.
-Ojalá sigas dedicándote a ésto durante mucho tiempo, lo haces bien- rió, le guiñó un ojo y se marchó.


















Pedido de Camila @owszmpn lo más seguro es que no te guste, pero un poquito tarde, cumplí. Aunque te enojes todo el tiempo y te odie tanto como te quiero, sos lo más, y me encanta que seamos amigas.

Para Pauli @zampinipaulaok, feliz cumple diosaaaaaaaa, te quiero tanto, tanto, tanto!


Dedicado a Cami Arostegui y Luciana Mesiti (:

miércoles, 4 de febrero de 2015

Para siempre.

Cuando creí que era el momento, algo me frenó y no lo dije. Cuando hice hasta lo imposible, por que él notara que algo había cambiado, miró para otro lado. Cuando junté valor, y fui hasta su casa, a decírselo por fin, anunció su casamiento. Cuando creí que iba a morir, entendí que no podía dejar a este pequeñín, sin su mamá también.


Me llamo Carina Zampini, tengo 39 años. Soy profesora de Literatura por la mañana. Bailarina por la tarde y mamá a tiempo completo. Tengo un hijo, Nicolas, de ocho años. Él, es diferente. Autismo tiene. Sus necesidades no son iguales a las de cualquier nene, pero logra hacerse entender, al menos yo lo entiendo.

Conocí a Sebastian, a la salida del Teatro, un martes por la tarde. Él era mesero, en ese entonces, estudiaba medicina por la noche. Lo había visto en el público durante varias semanas. Tiempo más tarde, salimos a cenar, lo que luego se hizo frecuente. Era tierno, amoroso, fie... paren, fiel no era, eso descubrí tiempo después.

Salimos durante dos meses, luego fui oficialmente su novia, conocí a su familia, iba los domingos a comer asado con ellos; creí que eran buenos, creí que yo les agradaba, creí tantas cosas.
Nuestra relación era hermosa, cuando digo hermosa, me refiero a justamente, HERMOSA. No existía nadie más que nosotros, por fin estaba viviendo la historia de amor, que siempre soñé.

Luego de un año de relación, me entregué a él. Fue difícil, mi pasado me frenaba, pero él rompió con todo eso, confiaba ciegamente en él.... pero me dejó.

Le pedía explicaciones, le mandaba mensajes, lo iba a ver al trabajo. Necesitaba respuestas, pero no obtenía nada.

Soy de esas personas que somatizan todo. Dejé de comer, literal. Vivía a agua, y café. Chicles, era lo más sólido que llegaba a consumir; me estaba dejando ir.

Tuve una infancia difícil, y una adolescencia cruel. Cuando creí estar un poquito mejor, lo conocí. Y cuando me creí el papel de la chica feliz y fuerte, él me derrumbó.

Era un dos de abril, recuerdo. Salí de la clínica, con los análisis en mano. Caminé hasta el bar, donde trabajaba Sebastian. Lo vi riéndose, sentado como un cliente más, no lo dudé, y lo abracé por el cuello, dándole un beso en su mejilla.

-Te voy a ser claro- comenzó, mirándome a los ojos- nunca estuve enamorado de vos. Jugué una apuesta con mi padre. La verdad, Cari, es que no te quería lastimar, se me fue todo de las manos, me costó mucho, bueno vos ya sabes-lo interrumpí.

-¿Me estás cargando Sebastian?, sos mi novio. Me entregué a vos, como una pelotuda. Te amo, entendes eso? - negó- ¿cómo lo vas a entender? si solo soy una puta apuesta para vos.
-Cari, déjame explicarte- negué-.
-Puedo ser inocente, pelotuda y todo lo que vos quieras, pero quiero irme con un poco de dignidad, así que no voy a permitir que me sigas humillando- dije entre lágrimas.
-Sebas, amor, tu mamá nos espera- dijo una morocha atrás mío.
-Ivana ahora no- dijo Sebastian, mirándome.
-¿Vos quien sos?- pregunté.
-Su novia, y vos?- preguntó desafiante.
-También pensé que era su novia, tene cuidado- dije con la frente en alto.
-Ah- río- ¿vos sos Carina?- preguntó-.
-Todos sabían de ésto- dije aún más dolida- nunca creí que iba a odiar a alguien más que a mi padre, hasta el día de hoy- dije para luego marcharme.
intentó detenerme- Carina, perdóname.
-No te quiero ver nunca más en mi vida.

Esa fue la última vez que lo vi, al menos en persona. Es increíble como de un momento a otro, tu estado de ánimo puede cambiar.

Dos meses más tarde, mi pequeña panza comenzaba a asomarse. Todos lo notaban. Comencé a ir diariamente a aquel bar. Él seguía trabajando allí, aunque no me atendía a mí. Pensé que él también lo notaría, después de la humillación que me hizo vivir, no tuve el valor para decirle "estoy embarazada", pero en el fondo de mí, rogaba que él se diera cuenta. Era consciente que siendo bailarina, no podía criar sola a un bebé. ¿Quién me iba a ayudar? ¿Cómo lo alimentaría? ¿Qué le diría cuando me preguntara por su papá?.

Un día llegué y no lo vi. Le pregunté a Miguel, el dueño, si sabía algo de Sebastian, me tocó el hombro y me anunció que se casaba.
Él no notó el cambio de mi cuerpo, él no quiso notarlo.
Comencé a verme gorda, fea... dejé de comer. No era consciente de lo que hacía, así como tampoco era consciente que dejando de comer, no solo acabaría con mi vida, sino que también con la de mi hijo.
Hoy, luego de ocho años, entiendo que el problema de mi hijo, tiene que ver con eso. No intento victimizarme, pero ser madre soltera, no es lo que siempre soñé.

-Carina- dice Ana, niñera de Nico- es Nicolas- la interrumpo.
-¿Qué tiene mi hijo?- desesperada.
-Perdóname Cari- vuelvo a interrumpirla..
-Decime que pasó con Nicolas- grito.
-Lo atropelló un auto, estamos camino al hospital, por favor veni rápido- dice sollozando.
-Ahí voy- digo para luego cortar.

¿Sintieron alguna vez que el pecho se les cierra, que dejan de respirar? ¿Sintieron alguna vez que sus piernas son gelatina y no pueden caminar? ¿Sintieron alguna vez que sus ojos ya no lloran, sino... llueven? ¿Sintieron alguna vez que están muriendo?


-Decime qué pasó- le digo.
-No sé, estábamos jugando en la plaza y fue a buscar la pelota, cuando me di cuenta, ya estaba tirado en la calle, perdóname, te juro que fue en un segundo, perdóname- me rogaba.
-Ey, vos no tenes la culpa- agarré su rostro- no es tu culpa, Ana.

Se abrió la puerta de la sala...
-Familiares de Nicolas- preguntó una voz conocida.
-Soy su madre- dije firme- qué tiene mi hijo?
-Carina- dijo atónito.
-¿Qué tiene mi hijo?- pregunté impaciente.
-Él, él está bien- tartamudeó- pero lo dejaremos en observación por esta noche- continuó.
-Quiero verlo- dije prepotente.
-Habitación 105- dijo aún mirándome sorprendido.
-Perfecto- dije yéndome.

-Hola, mi amor- Sonrió- acá está mamá, con vos. Ya está todo bien, chiquito. Fue un susto nomás, sabes? Esta noche tenemos que quedarnos acá- me miró- pero quédate tranquilo que mamá se va a quedar con vos, si?- sus ojitos brillaron- te amo, Nico- dije abrazándolo.
-Mamá- dijo susurrando.
-Ya lo sé, amor, lo sé- dije entendiendo.

-Permiso- dijo Sebastian- Hola Nico, ya estás bien campeón, mañana ya te damos el alta y podes volver a casa. Vas a poder jugar a la play, pero desde la cama eh- dijo queriendo agradarle a mi hijo.
Lo fulminé con la mirada- Gracias.
-¿Qué te comieron la lengua los ratones?- dijo intentando sonar simpático.
-Por favor andate- dije sin paciencia.
-Solo intentaba ser amable- Se acercó a la cama- campeón choquemos 5- dijo chocando su mano con la de Nico.
Lo que ocasionó que Nicolas se altere y comenzara a gritar. Empujé a Sebastian y me acerqué a mi hijo.
-Ey, amor, mírame- tomé su rostro- tranquilo chiquito, mamá está con vos, mamá te cuida, si?- me abrazó- shh, quedate tranquilo- escondió su cara en mi cuello- ahora me acuesto con vos y dormimos juntos- me dio un beso- mamá siempre va a estar para vos, Nico, siempre- dije frotando su espalda. Luego miré a Sebastian- ¿te podes retirar?- dije firme.

Mañana del día siguiente...

-Carina, ¿podemos hablar?- dice Sebastian, entrando a la habitación.
-Afuera- le digo, para luego salir con él- Decime.
-Quiero pedirte disculpas, yo no sabía lo de Nicolas- lo interrumpo
-Ya sé que no sabías. Nunca te importó, ni hace ocho años, ni mucho menos ahora- dije enojada.
-¿Ocho años? ¿Qué tiene que ver tu hijo con lo que pasó hace ocho años?- preguntó confuso.
-Mi hijo es el producto de lo que pensé que fue una relación entre nosotros dos- intentó interrumpirme- te lo explico mejor, mi hijo es el producto de aquella apuesta, ¿la recuerdas?- digo dolida.
-Carina, ¿Nicolas es mi hijo?- pregunta.
-No, es mi hijo. Tuyo es nada- Digo para luego irme.
Me ataja- ¿Por qué nunca dijiste nada?.
-Lo intenté. Te mostré mi panza, durante dos meses, nunca lo notaste. Cuando me armé de valor, te casaste. Realmente espero que seas muy feliz, como yo lo soy, con MI HIJO- Le aclaré.
-Déjame conocerlo- insistió.
-No. Nico es muy sensible. No está listo para conocer al monstruo que tiene como padre.
-Carina, no me podes quitar ese derecho- dijo algo enojado.
-Puedo hacerlo, legalmente es mi hijo, y como habrás notado, no le caíste para nada bien, ni siquiera te diste cuenta que era autista, crees que puedas hacerte cargo de él?- pregunté mirando sus ojos.
-Autista?- preguntó horrorizado- oh Carina, cuanto lo siento.
-No lo sientas, no quiero nada tuyo. No te necesité en ocho años, por qué lo haría ahora?. Hace ocho años, te pedí no verte nunca más, le veníamos manejando bien, podemos seguir así.
-Pero es mi hijo, prometo que lo querré igual que a mis otros dos niños- dijo tratando de convencerme.
-No. Nico es un nene que tiene otras necesidades. Es preferible, que tenga un padre ausente, a uno que lo haga sentir diferente. Mi nene es autista, no pelotudo.
-Carina, por favor.
-Por favor, nada. Adiós, para siempre- me interrumpió...
-Para siempre, es mucho tiempo- lo interrumpí.
-Por eso mismo, para siempre- dije para luego marcharme.

Agarré a mi hijo y me fui. No volví a verlo nunca. No le interesé hace ocho años, por qué le interesaría ahora y con un hijo?

Cuando alguien nos dice, nos promete, nos juro "Voy a cambiar", le creemos. Vemos que sus ojos no mienten, que de verdad quieren cambiar. Pero pase lo que pase, la esencia queda, nunca cambiamos del todo, o tal vez, nunca cambiamos. Somos lo que somos, estamos los que estamos. Queremos los que queremos. Y también, amamos, los que amamos. 
Para siempre, es mucho tiempo. Tratamos de utilizar nuestros "para siempre", en las oraciones correspondientes. 











No puedo hacer un corto, con ellos juntos al final, no puedo, no me sale. A pesar de eso, espero que les guste.
Dedicado a Cami, amiga que adoro (:
a Edi, mi amoooooor, lo que te quiero!
a Lucrecia, que me hace reír mil y que quiero muchísimo :)
a Milo que siempre está ahí, al pie del cañón y a quien amo, amo, amo!
Gracias.

martes, 20 de enero de 2015

Algún día.

-Perdóname, no sé qué se me pasó por la cabeza en ese momento, vos sabes que te amo solo a vos- bajé mi mirada- por favor, Carina- negué.
-Perdóname las pelotas, me hiciste creer que era el amor de tu vida, dijiste que ibas a arreglar todo, que la ibas a dejar por mí. Y ahora me venís a decir que te acostaste con tu mujer, pensas que puedo perdonarte eso?- se acercó- ni se te ocurra- lo frené- me desilusionaste de la peor manera. Yo creí cuando me dijiste que me amabas, yo lo creí. Confié en vos, como una estúpida, hubiera dado mi vida por vos y lo sabes. ¿Hace cuánto que andas con las dos?- lo enfrenté.
-Carina, yo te juro que nunca..-lo interrumpí.
-No me jures una mierda, no te creo absolutamente nada. Siempre dije que Pablo me desilusionó, él me hizo sentir poca mujer, sabes? Pero vos, me entregué a vos- estallé en llanto- vos tuviste el poder de derrumbarme. Acabaste conmigo, Sebastian-.
-Carina yo te amo, necesito que me escuches, pero tenes que tranquilizarte- volví a interrumpirlo.
-¿Ahora pensas en mí?- me miró triste- no me mires así, no lo hagas. Deja de lastimarme, por favor-.
-Cálmate por favor, necesitas calmarte, Carina te va a hacer mal- intentó abrazarme.
-No me toques, ni siquiera te acerques a mí, no devuelta, no quiero que me vuelvas a hablar en tu vida. Olvidate de mí, así como lo hiciste, mientras te acostabas con ella, juro no volver a trabajar en Telefe, lo juro. No me vas a ver nunca más- concluí.
-Carina, por favor- intenté calmarme.
-A pesar de todo, te deseo lo mejor, Negro. Realmente espero que puedas amarla-como me dolió decirlo- de nuevo, borrame de tu vida, hace de cuenta que no existí; hacelo por el bebé que es el que menos culpa tiene en esta historia- volví a sollozar.
-Yo no creo que pueda. Yo te amo- lo interrumpí nuevamente.
-No lo digas más, por favor, te lo pido. Déjame en paz- dije levantándome.
-Podemos arreglarlo. Me voy a divorciar de Ivana, me hago cargo de mi hijo obviamente, pero no me dejes, solucionemoslo juntos, por favor te pido.
-Parece que te referís a una cosa Negro y no es así. Estamos hablando de un hijo, Sebas. Hubiera renunciado a cualquier cosa por nosotros y lo sabes. Las circunstancias en las que decidimos estar juntos, nunca fueron las mejores, pero quiero que sepas que a pesar de todo, por momentos, me hiciste muy feliz y disfruté mucho todo lo que vivimos, pero ésto terminó acá- agarré mi bolso y me dirigí a la puerta.
-Perdóname por favor- dijo llorando él.
-Perdóname vos a mí, perdóname por esperar tanto de un perdedor, de un cagón, de un tipo sin huevos, perdóname por entregarme en cuerpo y alma a vos, perdóname por dar todo en una relación sin futuro, perdóname por confiar en un imposible, perdóname por amarte, perdón- concluí para luego marcharme, sin mirar atrás.


Dos meses pasaron...

Luego de que Camino Al Amor terminará, Quique comentó que me quería como protagonista en su próxima novela, me habló como si intentara ser un padre, dijo que lamentaba mucho lo que estaba pasando, tal vez él se sentía culpable y con razón. Me pidió perdón, me consoló, me quebré delante suyo, pero no acepté. No quería nada que tenga que ver con Sebastian. Como le había asegurado a él, jamás volvería a trabajar para Telefe, al menos no para los Estevanez. ¿En qué momento dejé que todos ellos entrarán en mi vida? ¿Por qué confié en ellos? En esta historia no había un solo culpable. Todos pusieron su parte. Y Quique... 

"Sebastian Estevanez, está esperando su tercer hijo, junto a su mujer".

Si antes me encontraba desilusionada, luego de leer esta noticia no sabía como seguir. Tomé mis cosas, y me fuí, necesitaba despejar mi mente, necesitaba desaparecer, olvidarlo, necesitaba volver a ser yo, a ser quien fuí antes de conocerlo.
Sin embargo, todo me recordaba a él, una estatua negra, su mano. Lo veía en todas partes, en todas.¿Algún día podré olvidarlo? No lo sé, pero lo que si sé con certeza, es que Sebastian me marcó. La Carina de antes de conocerlo, sé que no va a regresar, pero la Carina de después, la herida, a esa es mejor temerle. 


"Decir adiós es crecer". Pero, ¿qué pasa cuando duele tanto lo que dejas atrás? Las despedidas siempre son tristes, espero poder superar ésto, espero volver a enamorarme, espero ser feliz algún día. 















Bueno volví. Estamos atravesando un feo momento en el fandom. Yo también espero alguna vez perdonar al Negro, saben? pero Carina significa tanto en mi vida, que no sé si pueda olvidarme de ésto. Espero que lo lean... Beso enorme. @pilubacktolife

sábado, 3 de enero de 2015

Nota.

No voy a escribir por un tiempo. Tengo capítulos de 'Tal vez sea el hombre equivocado', y tengo dos cortos más, casi terminados; pero necesito tiempo. Perdón a las que esperaban otra cosa, y gracias a las que están siempre y me bancan en todas. Sinceramente no estoy pasando un lindo momento en mi vida, y necesito desconectar al menos por unos días. En facebook, no me van a localizar, por ahí sí en twitter, pero no lo aseguro. Gracias por los comentarios y los mensajitos cargados de buena onda y buena energía. Ustedes más que nadie, saben lo que significa para mí escribir, y que estén haciéndome el aguante, lo valoro muchísimo. Gracias por tanto y mis disculpas, por tan poco. Hasta pronto.

martes, 30 de diciembre de 2014

Perdón. (Único capítulo)

-Soy Carina- me presenté.
Estaba en la sala de espera, en la zona de oncología, en la clínica. Como siempre, mi rutina, hace unos seis años, cuando me informaron que Paula, mi hija, padecía cáncer. Recuerdo que en aquel momento, pensé que me moría. Mi marido, había muerto por la misma razón y los médicos, cuando les pregunté, me aseguraron que no era genético, que mi hija no iba a pasar por lo mismo. Sin embargo, acá estoy. Mi pequeña, con 16 años, tenía cáncer. Un cáncer que no sólo estaba acabando con su corta vida, sino también con la mía.
Al principio, envidiaba a la gente, a los padres que podían ver crecer sanos y fuertes a sus hijos, no sé, llegué a verlos con bronca. Qué ilusa, comos si eso, cambiara en algo el cáncer de Pauli. 
Con el paso de los años, comprendí que ellos no tenían la culpa, aunque aún no entiendo por qué, por qué a ella, y creo que no lo voy a entender nunca.

-Soy Sebastián- me contestó.
-Difícil, ¿no?- me entrometo.
-¿Estar acá?- pregunta, levantando su ceja derecha.
-Sí- respondo casi para mí.
-Al comienzo es duro, luego te acostumbras, no queda otra- dice tranquilo.
-Papá, dice Mecha que ya está- le informa, una niña entrando a la sala.
-¿Mecha es la nueva enfermera?- pregunta él.
-La nueva oncóloga- lo miro obvia. ¿Qué clase de padre es?
-Vivi no me informó nada- dice confundido.
-Mamá ya estoy- dice Pau, saliendo del consultorio.
-Un consejo, la próxima tratá de averiguar quien va a tocar a tu hija, no quiero parecer metida, pero estaría bueno, que aunque seas la conozcas primero- digo sin poder cerrar mi enorme boca.
-Gracias. Pero Mecha no me va a tocar a mí- responde la nena- Soy Victoria, su hija, y lo vine a acompañar a papá- dice sonriendo.
-Leucemia, hace ocho años- dice estirando su brazo, ante mí.
-Agh- logro enunciar. Ríe y se marcha con su hija.

Nos seguimos viendo, las próximas semanas. Tenía algo especial, un no sé qué. Siempre estaba para hacerme reír, mis sonrisas más sinceras, fueron gracias a él. Era increíble, un gran hombre, una linda persona. Tenía ángel, tenía tanto amor para dar, tanto, que emocionaba.

-Te invito a comer a casa- dijo, mientras esperaba a Pauli.
-No sé, es conocer a tu familia. Moriría de vergüenza, te juro- dije roja.
-Ay, Carina, mis nenes son unos ángeles- y si se parecen a vos, pensé.
-Bueno, acepto, dale- reímos.

Sábado por la noche, él me mandó la dirección, por mensaje. 
Remerita ajustada, jean oscuro, camperita de cuero suela y botitas del mismo color. Mientras que Paula, optó, un short, un buzo deportivo y zapatillas dc. Bien adolescente, look que no compartía, pero que aceptaba. Era mi princesa.
Llegamos al lugar. Sebastian vivía en un country, llegando a San Isidro. Cuando hablamos, él me comentó que era soltero, padre solo. Y que tenía una familia grande. 
En cambio, nosotras éramos dos. Y Victoria, su hija, siempre me decía que necesitaba una mamá, indirecta muy directa, claro.

-Hola, Soy Agustina- me dijo una adolescente, abriendo la puerta.
-Hola, soy Carina y ella, mi hija, Paula- le informé.
-Sí sí, pasen- dijo amable.

Siete hijos tenía, siete. Cinco mujeres y dos varones. Gonzalo de 17, Agustina de 16, Olivia de 13, Valentina y Victoria, mellizas de 10, Román de siete y la pequeña Carolina, de seis. Una familia grande, muy grande.
Risas, charlas, amistades, una cena espectacular. 
Sebastian me hacía bien, no había dudas. 
Las charlas en la sala de espera, las invitaciones a cenar, las salidas con nuestros hijos, siguieron. Me acompañó en todo momento, fue mi sostén emocional, mi pared. 
Al cabo de dos años, Paula superó el cáncer. Sin embargo, él no. Pero estaba bien, estable. 
Comenzamos a salir, hasta que me propuso ser su novia, todo marchaba bien, lo amaba. 

-Quiero que te cases conmigo, ¿queres ser mi esposa?- preguntó.
Dudé, hasta que vi el brillo de sus ojos- Claro, amor- respondí con nuestros hijos de testigos.
Vestido, salón, flores, ropa de los chicos, catering, fotos, souvenirs, centros de mesas...
Y ahí comenzó todo. Mis dudas, mis miedos. Y simplemente no pude. Huí, eso hago cuando me asusto.
Perdóname, pero no puedo. Ya pasé por ésto una vez, mi marido murió de cáncer y yo crei morir con él, cuando al fin logré recuperarme, al menos un poco, pasó lo de Pauli y simplemente yo no puedo. Perdóname, Sebas, lo siento muchísimo, de verdad. Yo no puedo volver a pasar por lo mismo, ni tampoco puedo ser tu enfermera, simplemente no. Espero que algún día logres entenderme, yo sé que va a ser difícil, lo sé, pero te conozco. Sos un gran hombre. Gracias por estar para mí siempre. Carina.

Después de huir, me instalé en España, junto a Paula, quien a los dos meses, se volvió a Buenos Aires, demás está decir que nunca me lo perdonó. Y debo admitir que yo tampoco.


(Buenos Aires, año 2015, cuatro años más tarde)
Iba caminando por el shopping, cuando me choco con alguien.

-Valen, estás bien?- pregunta una chica detrás de mí.
-Ay, sí, discúlpeme- responde y añade la chica, con la que tropecé.
-Mellis, son ustedes?- pregunto al borde de las lágrimas.
-Carina- pronuncian atónitas. 
-Chicas dale, que Sebas nos está esperando- pronuncia alguien que yo reconocería en donde sea.
-¿Paula?- me atrevo a preguntar.
-¿Mamá qué estás haciendo acá?
-Comprando- atino a contestar.
-Será mejor, que regreses a España, o como mínimo, que no te acerques a la familia Estevanez- dice con cierta prudencia, para no generar escándalo.
-Perdón- pronuncio, pero ellas ya se han marchado.

Y desde entonces, me radiqué en España. Decidí no volver, se merecen una buena vida, alguien que se haga cargo de su familia, que los proteja y quiera, no a mí.

Flashback

-Sebas, yo sé que pasaron muchos años, pero necesito pedirte perdón- le digo.
-Yo te entiendo, entendí la carta, solo que no comparto tus métodos. Me dejaste plantado en el altar, Carina, era más fácil, decir no, desde el comienzo. Con qué propósito aceptaste? Nos ilusionaste al pedo- dice algo dolido.
-Perdoname- repito, esta vez, suplicandoselo.
-Es que una vez que ya lastimaste, un perdón no alcanza, no a mí. Me decís perdón y? El daño ya está, es así. Una palabra no me va a sanar. Vuelvo a repetirte, yo entendí en ese momento y aún hoy, entiendo tus razones, pero no me pidas perdón, porque aunque lo intente, no. No puedo perdonarte, no te perdono, Carina, no puedo- concluye.
-Entiendo. Y lamento con el alma, el daño que les hice- digo tocando su brazo.
-Lo sé- dice abrazándome- espero que seas feliz.
-Vos también Sebas, te lo mereces más que nadie- digo, para luego marcharme.  

Y esa fue la última vez que lo vi. 
Aún hoy, a la distancia, sigo pidiéndole perdón, y sé que él lo sabe.








Dedicado a Camila (@owszmpn). Aunque no te lo diga muy seguido, te amo. Y es un honor, ser tu amiga, eu! Me obligó a escribir, cualquier queja sobre el corto a ella. 
Gracias por leer!