Bajé sin más, él no me siguió.
¿A caso se había enojado por lo que había simulado hacer? Es más infantil que Mateo, si es así.
Coloqué unas chatitas azules oscuras en mis pies, lavé mi cara reiteradas veces, tratando de entender y luego de estar varios minutos, salí.
Al llegar al hall, abrí mi cartera, buscando algo de dinero para tomar el subte, pero para mi sorpresa, allí estaba él, milagrosamente esperándome.
-Pensé que te habías marchado- expliqué.
-¿Por qué lo haría?-preguntó.
-¿A caso no estás enojado?- pregunté indecisa.
-No- acotó.
-Oh, igualmente, discúlpame-, dije.
-Tranquila, bonita. Ya pasó, pero prométeme que no lo volverás a hacer- dijo para luego sonreír *lo que provocó que miles de mariposas invadan mi estomago*.
-Lo prometo- afirmé, levantando mi mano derecha.
-Bien- dijo acercándose a mí.
Él apoyó su frente en la mía, y a pocos centímetros de mi oído, pronunció: -Jamás me perdonaría si tú también lo haces- levanté mi vista y allí me encontré lágrimas que rodaban por sus mejillas, lo que me partió el corazón.
-No sé qué ha pasado, ni a quién, pero prometo que no lo haré, tranquilo tú, si?- dije regalandole mi mejor sonrisa.
-Gracias, bella!- dijo abrazándome.
-Quiero que ésto sea eterno, por favor- confesé.
Momento en el cual suena mi celular…
*Llamada telefónica*
-Victoria, ya que no has venido a trabajar… (lo interrumpí)
-Lo siento, me he quedado dormida, pero ya voy, enser… (me interrumpió).
-No lo sientas, querida. Llamaba para decirte que tu clase ha suspendido. Los estudiantes han organizado un encuentro, entonces la clase de hoy se cancela. No te preocupes.
-Oh, gracias. De igual forma, juro que no volverá a pasar- dije apenada.
-Descuida. Y disfruta éste bello día. Besos.
-Gracias, igualmente. Adiós.
*Fin llamada telefónica*
-¿A caso escuché bien, tienes el día libre?- dijo Marcos sonriendo.
-Sí, así es. ¿Por?- pregunté ¿provocativa?.
-Ven, sígueme- dijo jalandome del brazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario