sábado, 2 de agosto de 2014

Capítulo Cuatro.

7:40, marcaba el reloj de la cómoda que tenía frente a mi cama.

-Diablos, me he quedado dormida- dije nombrando a mi madre.
Buscando el pantalón de gabardina negro, se me ha caído todo el placard. Una blusa, color salmón, que encontré debajo de mi cama, un café a las apuradas, y ya estaba lista.

-¡Qué tenga un buen día señorita- dijo mi portero.
-Gracias, usted también- dije devolviéndole la sonrisa.
Por alguna razón, el portero me observaba de una manera extraña y se reía de mí, pero aún no descifraba por qué. Como sea, sin más, seguí caminando, cuando de pronto, tropiezo con alguien, quien provoca que mis pertenencias queden en el suelo.
-La re putisíma que me parió, llego tarde al laburo, ché- dije intentando pararme.
-Perdóname, venía caminando sin mirar- dijo estrechando su mano.
- ¿Vos?- pregunté sonrojada, luego de pararme.
Aún no puedo explicar, lo que su sonrisa y aún más, su mirada provoca en mi interior.
-Sí yo. Discúlpame vos, sos?- dijo confundido.
-Ah, claro. Mi nombre es Victoria, nos vimos en el micro…- me interrumpió.
-Sí, sí, estabas con mi hermano- dijo seguro.
-No, estoy sola, solo somos amigos, va conocidos, o sea, no somos pareja- dije indecisa.
Ríe- me alegro, preciosa- dijo sonriendo ampliamente.
-Gracias- dije aún más sonrojada.
-Lindos zapatos- dijo rompiendo el silencio de algunos minutos.
-¿Eh?- pregunté y luego dirigí mi mirada a mis pies- No lo puedo creer, todo me pasa.
-¿Viajaste así en el subte?- preguntó divertido.
-Sí, no me di cuenta, con razón todos reían al mirarme- pegué un grito- Hoy es el peor día.
-Si quieres te acerco a tu casa, digo así te cambio, y si lo deseas, luego te acerco al trabajo- dijo nuevamente sonriendo y logrando una explosión de sentimientos en mi interior.
-¿No estás ocupado?- pregunté.
-Para una bella dama, no- dijo tierno.
-Ok, vamos- dije.
-Ven, agárrate de mí, así no te caes- dijo colocando mi mano, con la suya, entrelazándolas.
-Gracias Marcos- dije contenta.
-Ese es mi carro- dijo.
-¡Qué bello!- exclamé.
Abrió la puerta y luego de que yo subiera, la cerró.
-Dime, a quién se le ocurriría salir a la calle con pantuflas- dijo riendo.
-Bueno ché, me levanté tarde, aún tengo la almohada pegada- reí.
-Me he dado cuenta, corazón- dijo.
-Sabes, el portero, hoy se rió observándome y no fue capaz de avisarme, dios- dije recordando.
-Es que habrá sido muy chistoso, compréndelo- dijo.
-Dime qué es lo gracioso, mejor cállate- dije riendo nerviosa.
-Como la dama disponga- acotó.
Luego de varios semáforos rojos, me cansé del silencio.
-Pues, di algo- le dije.
-No- dio a entender, moviendo su cabeza.
-Ya. Me aburro. Sino me bajo- dije.
Volvió a hacer lo mismo.
-Ok, chau- dije destrabando la puerta.
-Eu, Victoria, tú estás loca, ¿qué haces?- dijo ¿enojado?
-Sólo quería que hables- dije ¿asustada?
-Ok, pero no lo vuelvas a hacer- concluyó.

Luego de varios minutos en silencio nuevamente, llegamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario