sábado, 2 de agosto de 2014

Los caminos de la vida. Capítulo Uno.

Perdí la memoria, eso me dijeron: ‘Victoria, tuviste un accidente, y ahora padeces amnesia’. Fue todo tan raro. Estaba felizmente casada con Lorenzo Amador, y de un momento a otro, él estaba preso, por intentar matarme? Estaba muy aturdida.
A penas desperté de mi estado de coma, un hombre estaba junto a mí, morocho, con grandes músculos, y una sonrisa irreemplazable.
*Flashback*.
-Victoria, te despertaste. (feliz) ¿Cómo te sentís? ¿Te duele algo? (dijo algo eufórico)
-Bien, doctor. (dije algo fría?)
-Doctor? (Dijo con lágrima en sus ojos) Emm, voy a llamar al doc… al… emm, ahora vengo, vos tranquila (me dijo algo triste)
-Ok (dije aturdida y confundida)
——
-Soy Marcela, la enfermera; tu enfermera.
-¿Qué me pasó?
-Te quisieron matar, no lo recuerdas?
-No. ¿Quién?
-No puedo darte esa información. Tu familia, seguramente cuando lo crean correcto, te contarán todo. Ahora te voy a dar un calmante.
-Ok
——
-Holaaaaaaaaaaa, estás despierta, no sabes como te extrañé (dijo abrazándome)
-Hola. (dije abrazándola también)
-Papá tenía razón, no tendrías que haber ido.
-¿Quién es tu papá? ¿Qué somos nosotras?
-¿No te acordas de mí tampoco? (dijo ya llorando)
-Tranquila, linda (dije acomodándome en la cama y tratando de tranquilizarla)
-No, no me pienso tranquilizar (dijo enojada) Te odio, te juro que te odio.
-Ey, perdóname, pero no te conozco (dije con algunas lágrimas en mis ojos)
-No te quiero volver a ver, nunca, me escuchaste, nunca (dijo abriendo la puerta) Papá, sácame de acá. La odio (gritó).
*Fin del flashback*
Cuando aquella niña se marchó de mi habitación, sus palabras de verdad me dolieron, no sé muy bien porqué.
Nunca volví a verla.
Ni tampoco a aquel médico, ni siquiera en mi rehabilitación, cosa que me pareció muy rara.
Todo había cambiado, nada era igual ya, no tenía 34 años, sino que tenía 43. Había estado tres años en coma. Y verdaderamente aún no recordaba nada, cosa que me ponía demasiado impaciente.
Me dijeron que no vivo en la mansión, sino que en una casa del barrio de la fábrica, a la que aún no me he atrevido a ir.
Sé que Pepe es mi papá, fue lo único que recordé en todo este tiempo.
Tres meses han pasado ya.
No me siento en ‘casa’. Aunque estoy con mi familia, siento que algo me falta.
Creo que tal vez es mejor ir a esa casa, en la cual he vivido los últimos seis años, antes de mi accidente.
_

-Dale papá, junta mis cosas, apúrate, que vamos a perder los boletos (dijo una voz dulce desde la sala)
-Ya va, Renata, no te enojes (dijo riendo un hombre desde la habitación, creo)
-Hola (dije entrando a la sala)
-¿Vos? (dijo enojada?)
-Sí, yo! Vos estabas en la clínica cuando desperté, perdón por no recordarte.
-Hola (dijo el doctor?)
-Hola (dije con una sonrisa)
-Victoria, qué haces acá?
-Es mi casa no?
-Era nuestra y vos te olvidaste (Dijo con lágrimas en los ojos)
-Perdón, no entiendo. (dije aturdida)
-Quiero irme, papá.
-Sinceramente me quedaría con vos, te contaría donde nos conocimos, lo que pasamos juntos, pero ya es tarde para eso. Vas a estar bien, si? (dijo sonriendo) Yo, ya no tengo tiempo. Antes eras vos lo más importante, ahora está Renata, yo debo vivir y estar bien para ella. Por eso, decidimos irnos, a España. Tengo una carrera muy importante allá y tal vez, nos espere un futuro aún mejor. (dijo con la niña en brazos)
-Estoy muy aturdida y no comprendo mucho. Pero les deseo toda la suerte del mundo.
-Gracias. Espero que recuerdes todo algún día. Y si lo haces, tené presente, que nunca te la voy a negar. (Dijo mirando a Renata, su hija)
-¿A qué te referís?
-Tu mamá no me deja hablar de ésto con vos, además los médicos dicen que es mejor, que recuerdes sola. De verdad, te pido disculpas, por no tener el valor suficiente para hablarlo. Pero con mi hija así de triste no puedo. Te deseo que seas muy feliz. Adiós.
-Adiós. Chau, linda.
-Chau (dijo escondiendo su rostro, en el cuello de su padre).
_

El tiempo pasó, ningún recuerdo apareció.
Mi vida siguió tal cual, feliz.
Seis añitos más habían pasado.
Mi carrera estaba en el mejor estado.
Novios ni esposos, aún no.
Después de Lorenzo, nadie más. Muy mala experiencia con él.
_

*Relata, Renata*.
Los años habían pasado.
El dolor por la ausencia de mamá, nunca había cesado. Pero bueno, papá un poco, llenaba ese vacío.
Hace seis años, desde que mamá despertó, vivimos en España.
Hace unos meses no me sentía nada bien, entonces papá, me llevó al médico, y vaya sorpresa nos llevamos, al enterarnos, que padecía de cáncer, cáncer de pulmón.
En unas semanas, cumplo 15.
_

-¿Qué queres que te regalé amor?.
-¿Podemos ir a Buenos Aires?
-¿Queres volver? (preguntó sorprendido)
-Quiero despedirme de la familia. No quiero morir sin antes verlos.
-Hija, no hables así. Ya vamos a encontrar algún tratamiento.
-Los dos sabemos que no.
-Soy tu papá, es mi obligación procurar tu bienestar. (dijo serio)
-Sos terco, eh. (dije sonriendo)
-Pero me amas así.
Nunca amé tanto a alguien, como a papá. Es sin duda, mi media naranja, mi príncipe azul. No entiendo, como mamá lo dejó ir.
-Te amo así. Y vos a mí.
-Obvio, princesa.
-Sabes que odio que me digas así. Es muy bizarro, Guerrero. (dije riendo)
-Como te amo, princesa de papá. (dijo burlándose)
_

*Relata Marcos*
Mi Buenos Aires, qué lindo respirar este aire. Y más lindo aún, con mi bella hija.
Cuando Victoria entró en coma, sufrí demasiado, y siempre creí que esa era la mayor prueba que la vida, me había puesto; pero hoy, me doy cuenta que no.
Sí, dejarla ir, fue muy doloroso, pero que mi bebé esté enferma, me demuestra que fracasé como padre, y eso es algo imperdonable.
18 de septiembre, cumple 15 años. Cómo pasó el tiempo.
Recuerdo cuando era una bebé, mi bebé. Cuando todo era tan perfecto. Cuando el ‘fin’, se veía tan lejano. Y cuando el ‘para siempre’ era tan verdadero.
Cáncer de pulmón. ¿Por qué a ella? ¿Por qué no a mí?
¿Qué le hice a dios para que se la agarre con mi hija?
El miedo, solo paraliza.
_

*Relata Victoria*
Hace cuatro años, me había mudado, a una casa más grande y cerca de la mansión.
Iba caminando por el barrio de la fábrica, hacía mucho tiempo, que no lo hacía.
Cuando de pronto veo a una adolescente de la mano de un hombre, supongo que su papá.
-Marcoossssssssssssss (grita Brenda, mi hermana, desde la vereda de enfrente)
-Bren? (pregunta la chica)
-Sobrinita hermosa, volvieron. (dijo llorando)
-Así es, bonita (le dijo, Marcos)

Marcos y Renata, se habían ido de casa hace más de seis años y hoy regresaban.
Una sonrisa se dibujó de pronto en mi rostro.
¿Pero por qué era?
¿Por qué Brenda le dijo ‘sobrinita’?
Natacha no tenía hijos, o sí?
Me senté, en el cordón de la calle, con el fin de tranquilizarme, estaba muy cansada y en mi cabeza pasaban flashbacks que no lograba descifrar aún.

No hay comentarios:

Publicar un comentario