sábado, 2 de agosto de 2014

Capítulo Dos.

Supe que sigue soltero. Y que vive solo.
También sé que Sol y Segundo son pareja, se casaron hace tres años, y no me invitaron a su casamiento, supongo que lo merezco.
Con Georgina hablo de vez en cuando, es la única que sabe como contactarme. Nunca quiso que toquemos el tema “Sebastián”. Dice que es para prevenir discusiones. Ella sí, sabe cuanto me arrepiento de haberle fallado al hombre de mi vida y dice entenderme. Le he preguntado si Sebas, le ha hablado de mí en este último tiempo y dice que no. Me duele demasiado saber que él ya me olvidó, pero soy consciente que son las consecuencias de mis actos. Aún me pregunto que hubiera pasado si yo no lo hubiese celado tanto y si no hubiese besado a Alejandro.  Me torturo todos los días, pero sé que ya no hay vuelta atrás. 
"Las cosas hechas están, dolió y dolerá".
Manu, mil veces me pidió volver a Buenos Aires, aunque sea de visita, se lo he prometido y jamás se lo he cumplido. Aún me lo reprocha. Gabriel, mi hermano, lo ha venido a buscar y lo ha llevado muchas veces, pero él insiste en que quiere que lo acompañe.  Una vez, hace unos dos años, me comentó que fue a ver a Sebas y que hablaron de mí. Cuando lo escuché, casi lo mato. Me enojé, mucho. Y no quise saber nada de ese encuentro. Y saben qué? Muchas veces me arrepentí.
Ya no sé como seguir, me siento perdida. Laboralmente estoy genial, sigo participando de grandes tiras, aquí y aún me siguen llegando propuestas desde Argentina. Pero sentimentalmente, no tengo vida. No he estado con nadie desde Sebastián. Y lo peor es que aunque sé que él ya me olvidó, yo no puedo, y al parecer jamás podré.
Sigue aquí, presente en mí, en mi vida cotidiana. Cuando salgo a hacer las compras, lo veo. Cuando me doy una ducha, lo veo. Lo veo todo el tiempo, en todas partes. Es mi compañero? O es mi fantasma? O acaso es mi ángel, mi aliado? Sinceramente ya no sé que es; sólo sé que no lo puedo olvidar, que lo tengo anclado en mi corazón. 
Nunca hablo de él con nadie, me guardo todo, hasta que exploto.
Una mañana, me despierto, giro en la cama, y aquí lo veo, como siempre.  Me doy una ducha, y mientras preparo el desayuno, suena mi celular.
-Hola?
-Hola Cari (Seria)
-Hola, Ana, cómo estás?
-Carina creo que tenes que saber.
-Qué? No me asustes. Decime.
-Sebas está mal.
-En qué sentido lo decís? (Con lágrimas en mis ojos).
-Está enfermo.
-Enfermo? Pero qué tiene?
-No sé bien, me lo encontré a la salida del hospital, llorando y sólo me contó que está enfermo, no me quiso dar detalles.
-Pero, cómo? Es grave?
-No lo sé con exactitud. Pero por como lo vi, creo que sí.
(Suspiré) -Y? Por qué me lo contas?
-Ay, Carina, soy tu amiga y te conozco, sé que aún te importa. Creí que debías saberlo.
-Sí, perdóname. Gracias, amiga.
-Ok, no me agradezcas.
-Chau, linda.
-Vas a estar bien?
-Sí. Tranqui, te quiero.
-Te quiero más, besote.
Giré, y mi amigo, mi compañero, mi ángel, mi aliado y/o mi fantasma ya no estaba. Algo estaba mal.
Una llamada, un dolor, aún más grande.
Qué se supone que tengo que hacer?

No hay comentarios:

Publicar un comentario