sábado, 2 de agosto de 2014

Capítulo dos

Fue algo extraño mi encuentro con Mateo, algo me dijo que era buena persona, tal vez fue intuición, dicen que las mujeres somos especialistas en esta área.

Me caía tan bien, nunca fuí tan extrovertida, la antigua Victoria no le hablaría a un completo desconocido, en cambio la nueva sí, y sencillamente era algo que me encantaba. Ser más liberal.
Luego de caminar algunos metros desde la terminal de omnibus, llamé un taxi, me subí, y luego de unos $33, llegué a mi destino.
Edificio algo antiguo, pero con buen gusto. Una decoración de los años 70’, bella. Constaba de unos siete pisos, mi departamento estaba en el sexto. Plantas coronaban las escaleras, las cuales eran al estilo caracol, esas en las que levantas la vista y ves todo lo que se encuentra allí, tres metros arriba. Magníficas. El lugar, no poseía ascensores, algo que amaba, me sentía en casa, en mi pueblo. No me gusta mucho la tecnología, no me gusta la ciudad en sí. Por eso, decidí vivir aquí.
Al cabo de unos 20 minutos, luego de inspeccionar el lugar, llegué.
Respiré profundo, coloqué mi mano derecha en el picaporte y luego de anoñarar lo que deseaba, entré, sin dar vueltas.
Una sala bellísima a la entrada.
Luego de atravezar una gran puerta, se encontraba el comedor.
Un baño a la derecha.
Un escritorio, a la izquierda.
Luego de otra puerta al costado del baño, mi habitación.
Un departamento lindo, sencillo y tal como me gusta a mí.
Una vez que me conoces, soy bastante predecible. Demuestro mis sentimientos muy rápido, cosa que quizás, a veces me juega en contra. Pero así, soy no quiero cambiar. Me llevó mucho tiempo, construir esta Victoria que hoy soy. Antes, mostraba mi coraza, bastante imposible de romper.
Pero aquí estoy, volviendo a empezar, lejos de casa. Lejos de todo lo malo.
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Hacía tres días estaba en Buenos Aires, el trabajo muy bien, conseguí un trabajo en una universidad de la zona, como profesora de Filosofía, con ese sueldo pagaba mis estudios en ‘Letras’. Siempre quise formarme académicamente en un establecimiento tan bueno como en el que estoy. De a poco, las cosas van tomando su curso mientras tanto comienzo lo que siempre soñé, y estoy feliz por eso.
Mañana era mi encuentro con Mateo, desde que nos vimos, no paro de pensar en él, aunque sé que es muy apresurado. Sin embargo, lo raro es que también pienso en su hermano, Marcos.
Dedicado a Orne Perez. Te quiero, Pete

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