sábado, 2 de agosto de 2014

Valorame. Capítulo Uno.

Voy caminando por la calle, sin rumbo, distraída, enojada con la vida, mi mejor amiga me ha fallado, siento que estoy sola, que nadie puede sacarme de este agujero negro, en el que me encuentro. No le presto atención a nada, estoy en mi mundo, ida; dentro de mi cabeza, tengo la mirada dirigida al suelo. Hasta que de pronto levanto mi vista y desconozco el lugar en donde estoy, trato de buscar dentro de mis pensamientos, detalles y/o simples cosas que me recuerden este lugar, pero no encuentro nada, me siento descolocada, débil, asustada; comienzo a caminar con la esperanza de encontrar un nuevo camino hacia casa; pero de un momento a otro, siento que alguien toca mi brazo, giro en dirección contraria y me encuentro con un hombre alto, de edad media, ojos color café, piel morena, pelo negro, algo extraño; con su mirada fija en mí. Por alguna razón mis ojos comienzan a despedir lágrimas, realmente estoy muy asustada, tengo terror a lo que pueda llegar a hacerme este desconocido; entonces trato de soltarme, pero él no me deja, intento gritar, pero él tapa mi boca, sin más que hacer, bajo mi mirada, rendida.
Cierro mis ojos, comienzo a cantar, en silencio, dejo de resistirme, me doy cuenta que mi cuerpo comienza a desvanecerse, miro hacia abajo, me encuentro con una jeringa en mi brazo, comprendo lo que está pasando, cada vez estoy más aterrada. Sé lo que viene, solo ruego no sentir nada. Me caigo en sus brazos, no puedo mover mi cuerpo, estoy desesperada, y me da impotencia no poder hacer nada. Lo peor es que no puedo defenderme, pero estoy consciente. Ahora tengo más temor. 
Siento que me sube a un auto y arranca. 
Luego de un tiempo, creo que hemos llegado. Intento abrir mis ojos y él me ruega que no lo haga. Siento que me carga en sus brazos; abre una puerta y me recuesta en una cama.
"-Querés agua?", me pregunta. Muevo mi cabeza, simulando decir "Sí". Toca mi hombro, y se va. Al cabo de unos minutos, regresa, y me dice: "-Abrí tus ojos". Con miedo, los abro, él me sonríe. "-Toma", pronuncia. Con las pocas fuerzas que tengo, me siento, apoyando mi espalda en el respaldo de la cama, y le acepto el vaso, consumo a penas un sorbo y se lo devuelvo semi-vacío; ríe y me ofrece comida, "-No", atino a decir. Vuelve a sonreír. Sinceramente no entiendo su sonrisa, no entiendo su fin y tampoco entiendo qué pretende, ni para que me secuestró. Porque eso hizo no? Él me secuestró. Estoy realmente confundida.
Siento que mis ojos no pueden mantenerse abiertos, veo que él lo nota, se acerca a mí, pasa su mano por mi rostro y dice, “-Dormí”. No recuerdo nada más. Fue lo último que oí.
Despierto con la ilusión de estar en casa, me tomo el tiempo de observar el lugar en el que estoy. Una cama de dos plazas, una mesita de luz a mi derecha, un velador sobre ella, las paredes verde agua, un placar en frente de mí y a pocos metros la puerta; definitivamente no estoy en casa.
Por primera vez, tengo la necesidad de viajar al campo e ir a  visitar a mis padres. Por primera vez, tengo ganas de ir a trabajar y tratar con el odioso de mi jefe; por primera vez, tengo ganas de llamar a mi hermano y decirle cuanto lo amo.
Dicen que uno se da cuenta de lo que tiene, cuando lo pierde, no? No estoy segura de haberlos perdido, pero sí de haberme perdido.
Tengo una sensación rara, creo que ya no es miedo, ya no estoy asustada. Es una buena señal, creo. 
Escucho pasos, me doy cuenta que él viene hacia mí. Abre la puerta, me mira, sonríe.
Para ser sincera y realista conmigo misma, me sorprende lo que está provocando su sonrisa en mí.
Entra, veo que se dirige hacia mí, se sienta en la cama, a mi izquierda. Vuelvo a temblar, vuelve a sonreír, cada vez lo tengo más cerca, qué pretende? No lo sé.
Miles de sensaciones tengo; ya ni sé como describirlas. Sé que estoy secuestrada; pero aún no comprendo por qué o para qué, en realidad no sé si hay una razón. Sé que nadie se dará cuenta de mi situación actual; mi única amiga, como ya dije previamente me ha fallado, no tengo a nadie, ¿Novio? No tengo desde los quince, mis compañeros de trabajo, son solo eso, personas que tengo que ver por obligación. A mis padres, los veo una vez por año, como mucho. Mi hermano vive en otro país, nuestra relación es algo especial. El punto es que soy sola, que no hay nadie más, que nadie vendrá a rescatarme, nadie me salvará.
Veo que me abraza, siento sus brazos comenzando a tocar mi cintura, lo miro, me mira. Veo sus ojos café, toca mi piel, la cual se eriza al sentirlo; por un segundo disfruto del momento, luego caigo en la realidad y pienso “-Qué estoy haciendo?”, le ruego que no lo haga, él hace oídos sordos. Comienza a tocarme: “-Basta por favor”, le digo. “-Cierra tu boca”, dice, con voz grave. El miedo vuelve a invadirme.
Se acuesta encima de mí, sé lo que viene. Comienza a besar mi cuello, cierro mis ojos, rogando no estar allí. Toca mi cabello, acaricia mi rostro, me mira, sonríe y me besa. Beso que dura pocos minutos, ya que lo rechazo. Mis ojos, vuelven a despedir varias lágrimas. Él sigue besando mi cuello. 
Siento que levanta mi remera, lo miro, me mira, besa mi pansa, toca mi cabello, “-qué linda sos”, dice reiteradas veces. Tengo miedo, ahora sí, sé lo que es el temor, estoy realmente muy aterrada.
Comienzo a llorar, fuerte, suplicándole entre sollozos que no lo haga, me mira fijo, luego atina a abrazarme, besa mi cara, veo lágrimas en sus ojos, no lo entiendo. Se baja de encima de mí, toca mi hombro, se para y camina en dirección a la puerta; antes de irse, gira, vuelve a mirarme con su mirada penetrante, y finalmente pronuncia, con voz suplicante: “-Perdón”, y se marcha.
No entiendo nada, tampoco lo entiendo a él.
———Fin primera parte————
Pedido de Sol, compañera y amiga.

No hay comentarios:

Publicar un comentario